miércoles, 20 de abril de 2011

Visita a Margarita Barrientos en “Los Piletones” – Bajo Flores




Llegamos al lugar unos minutos antes de las 7:00 am. La mañana lluviosa y todavía oscura, en el barrio “Los Piletones”, no impedía un movimiento importante de vecinos que salían de sus casas a comenzar con sus quehaceres diarios.
Es impactante el avance de las villas que antes fueron pequeños asentamientos en los bajos campos del sur-oeste de la ciudad.
En el comedor, fuimos recibidos muy amablemente por el equipo de personas, en su mayoría mujeres, que trabajan para darle de desayunar, almorzar y comer a 1.500 personas. Pudimos bajar las cosas que habíamos llevado: leche, fideos, ropa y algunos juguetes. Muy rápidamente Mirtha, quien hace de segunda de Margarita, nos dividió en diferentes grupos para trabajar en la panadería, en la cocina y en la guardería del lugar.
A la hora ya se podían ver las largas filas que se formaban alrededor del comedor, por un lado, para el desayuno y por otro, las madres que dejaban a sus niños para la guardería.
Al ratito apareció Margarita. Todo alrededor de ella funciona; sus órdenes son escuchadas y ejecutadas por quien las recibe, sin vueltas. Los niños se le acercan y en todo momento extiende sus brazos para ellos, todo alrededor de ella es amor y eso se traduce en acciones destinadas siempre a solucionar algo a alguien. El teléfono suena continuamente y siempre es atendido por algún colaborador que da respuestas y soluciones a las peticiones que recibe. La mayoría de las veces, Margarita es consultada.
Después de varias horas de trabajo pudimos sentarnos a “matear” con ella. Su rostro tenía un dejo de tristeza, nos comentan que estaba preocupada porque no conseguía un camión –flete, para llevar una gran montaña de cosas que había recolectado durante el año para llevar a Añatuya, en Santiago del Estero. Ese es el lugar nativo de Margarita y ella, desde aquí, ayuda siempre. Es impresionante ver como una persona siempre puede ser más y más solidaria.
Pudimos, gracias al santiagueño que forma parte de nuestro grupo ( Castor López (h)), comunicarla con el vice-gobernador de Santiago del Estero, también añatuyeño, quien se comprometió a enviarle el camión sin concesiones. Mágicamente Margarita volvió a sonreír y pudimos seguir, ya más tranquilos nosotros, sintiendo que habíamos podido colaborar en algo.
Ya al mediodía nos retiramos, después de visitar la guardería San Cayetano, el centro de salud "Ángela Palmisano" y también la carpintería. Todo forma parte de la fundación “Margarita Barrientos”. Nos fuimos con la mente puesta en volver pronto y en hacer una gran peña a beneficio, pero –principalmente- nos fuimos empapados con el espíritu que nos contagió el corazón inmenso de Margarita.