A cien años de una reforma histórica
Este año se cumplen cien años de la sanción de la llamada Ley Sáenz Peña que cambió rotundamente las prácticas electorales en nuestro país. La memoria ciudadana recuerda que la reforma de 1912 estableció el voto secreto, universal y obligatorio. Sin embargo, la reforma del sistema electoral fue un plan más profundo, debido a que no sólo era necesario otorgar esos derechos;, sino que además había que brindar nuevas garantías y modificar de raíz los mecanismos de acceso a los cargos públicos.
Antes de la reforma de 1912 el voto era público o “cantado” y existían maniobras fraudulentas previas y posteriores a los comicios como la atemorización mediante el uso de la violencia y la intimidación a los electores. Además, se utilizaban los recursos del Estado a favor de los candidatos oficiales, resultando así la victoria de los partidos políticos que representaban al poder de turno. Los ciudadanos se encontraban ante un sistema que carecía de las condiciones mínimas para garantizar la autenticidad del acto electoral.
Durante su campaña presidencial, Roque Sáenz Peña prometió como objetivo principal de su gestión, reformar estas prácticas para dotar de mayor transparencia a las elecciones.
El plan se llevó adelante a partir de tres leyes.
La primera de ellas fue la 8.129 de Enrolamiento Militar. A través de este sistema, a cargo de las autoridades militares, todo ciudadano nativo estaba obligado a enrolarse. Una vez anotado, se hacía entrega de la Libreta de Enrolamiento; documento de identidad que se utilizaría también para emitir el sufragio e identificaba al votante con su foto y huella digital. Esto eliminaba, entre otras cosas, la posibilidad de que la misma persona votase reiteradas veces en distintas mesas.
La segunda, fue la 8.130 de Padrones Generales que se encargó de la formación del padrón electoral. Previo a la sanción de esta ley el padrón era transitorio, confeccionado especialmente para cada elección y dicha tarea estaba a cargo del Poder Ejecutivo. Con la reforma se estableció que la conformación del padrón electoral fuera responsabilidad del Poder Judicial. El Ministerio de Guerra enviaba al Ministerio del Interior las listas de los enrolados bajo la ley 8.129, y éste, a su vez, reenviaba las listas a los jueces federales encargados de las secciones electorales. A partir de allí el juez se encargaba de supervisar la veracidad del padrón y de habilitar a los ciudadanos aptos para votar.
La tercera, y la más famosa, fue la 8.871 que estableció el voto secreto, obligatorio y universal para varones, e instauró el sistema de lista incompleta que otorgaba la representación automática de las minorías en el Congreso de la Nación. El voto fue secreto para generar la total independencia y libertad del sufragante a la hora de emitir su voto. Así nacieron los cuartos oscuros donde el votante podía elegir en soledad y privacidad la boleta del partido de su preferencia. El carácter obligatorio buscaba terminar con la indiferencia de los ciudadanos ante las elecciones, penando la ausencia injustificada a votar.
Entre el año 1911 y 1912 el Congreso de la Nación trató estas tres leyes, dando sanción a la última el 12 de febrero de 1912. En menos de dos años de gobierno, Sáenz Peña cumplió con su promesa de campaña y la Argentina obtuvo uno de los sistemas electorales más avanzados del mundo.
La Reforma logró, entre otras cosas, que la Unión Cívica Radical levantase su abstención revolucionaria y aceptase presentarse a elecciones para alcanzar cargos públicos, dejando la revolución como una práctica del pasado. Así, se otorgó mayor estabilidad al sistema político de principios de siglo.
La sanción de estas leyes significó una reforma profunda e integral del sistema electoral y político argentino y generó una revolución política. Produjo, en el mediano plazo, el ingreso de un mayor número de representantes de partidos de la oposición modificando así composicioneslas composiciones de las Cámaras del Congreso ] y unos años después, permitió el acceso a la presidencia de Hipólito Yrigoyen.
A poco más de cien años de la ley Sáenz Peña es importante recordar a aquella clase dirigente que por idealismo democrático impulsó una reforma electoral que perjudicaba claramente los métodos utilizados hasta ese momento para el acceso al poder. El éxito de la reforma electoral de 1912 significó el comienzo del ocaso político de los mismos dirigentes que la llevaron adelante. Sin embargo, la Argentina alcanzó un sistema democrático más justo, popular, equitativo y confiable. Este hecho histórico nos enseña que las acciones políticas siempre son más fructíferas si anteponemos debeinspirar a poner siempre por delante el bien común de nuestro país a y deja de lado nuestras conveniencias partidarias o personales. A poco más de cien años de la Ley Sáenz Peña es importante recordarlo.
Ramón Beccar Varela
Juventud Consensuar